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sábado, julio 24, 2004

Anoché soñé que volvía a Manderley...

… y la reconstruían, y allí vivían felices para siempre Joan y Laurence…. Soñé también que engañaba a Bogart para que se sentara sobre unas copas intencionadamente colocadas en una silla, y era yo quien me iba con Audrey Hepburn en ese barco con destino a París; que ese prometedor pianista sí amaba a Joan Fontaine; que hablaba durante horas y horas con Woody Allen sobre Ingmar Bergman; que cantaba y bailaba junto a Julie Andrews y Fred Astaire; que Anne Bancroft y Dustin Hoffman se escapaban juntos vestidos de buzos en un coche donde en la radio sonaba el Sounds of Silence; que Ethel, John y Lionel Barrymore castigaban en un cuarto oscuro a la niña de E.T.; que con chaqueta de cuero, daba una vuelta en una Harley junto a Marlon Brando; que salvaba Rosebud de las llamas; que me unía al misterioso juego de Michael Caine y Laurence Olivier; que Joanne Woodward jamás conoció a Eva Black ni a Jane; que alejaba a Faye Dunaway de aquel bar y de la bebida; que yo era ese arquitecto al que siempre había amado Audrey, y nos volvíamos a enamorar otra vez en ese mismo viaje; que la novia no era Cary; que atravesaba el río Ulanga junto a Bogart y Katharine subidos en la reina de África; que besaba a Deborah Kerr en la playa mientras pequeñas olas cubrían nuestros cuerpos; que peinaba el cabello de Veronica Lake; que Jack Lemmon me dejaba las llaves de su apartamento y llevaba allí a Lady L, que me contaba con todo detalle las aventuras de su sugestiva vida; que jugaba una interesante partida de billar junto a Paul Newman; que aquel adorable cervatillo no estropeaba las cosechas de la granja de Gregory Peck; que no despedían a Barbara Stanwyck y por tanto no se inventaba a John Doe; que James Stewart no necesitaba a ningún ángel porque su vida estaba llena de felicidad; que el retrato de Gene Tierney provocaba aún más poder evocador y fascinante; que me convertía durante unos minutos en Gene Kelly y danzaba como un loco totalmente empapado ante la mirada atónita de aquel policía; que besaba a Ingrid Bergman bajo la lluvia eterna.

viernes, julio 23, 2004

Time

Resulta casi surrealista, pero no encuentro ni un solo minuto en todo el día para ponerme a escribir en el blog; lo gracioso es que tengo todo el día libre para mí.

En fin, de momento prefiero hacer otras cosas, por ejemplo revisionar alguna película de Dreyer a estas intempestivas horas.

 

 
pd: No tendría que escribir como si alguien leyera todo esto, pero es algo inevitable cuando sabes que alguna que otra persona visita tu blog. Cosas del ego....

jueves, julio 08, 2004

Decir que estoy triste, pensar que nada queda

Es triste la vida si te sientes olvidado pero no puedes olvidar. Es triste comprobar lo que duele querer a alguien que ya no puedes tener porque no supiste amar. Es triste estar triste y no hacer nada para cambiar.

sábado, julio 03, 2004

Se apagó Don Corleone

La muerte es una vida vivida.
La vida es una muerte que viene.

Jorge Luis Borges


He meditado a menudo sobre la muerte
y encuentro que es el menor de todos
los males.

Francis Bacon


La pálida muerte lo mismo llama a las
cabañas de los humildes que a las
torres de los reyes.

Horacio



Marlon, no has muerto, estás vivo, vivo en los recuerdos de tantísima gente que hasta el final de los tiempos te retendrán en su memoria y jamás te olvidarán. Más allá de Stanley Kowalski, el general Kurtz, Vito Corleone o el sheriff Calder, tu presencia permanecerá como lo que fuiste, uno de los grandes entre los grandes, un mito del cine. Hasta siempre...

viernes, julio 02, 2004

Recordando olvidarte

Aquella noche el mundo se paró
el tiempo se detuvo
mis ojos descubrieron tu mirada
tus labios me hicieron cautivo.
Oh! amor que ya no estás conmigo
vuelve y olvida cualquier tormento
hazle caso a tu corazón
pues el mío está sufriendo.
Dos almas separadas
maldito destino, maldita vida,
intento olvidar los hermosos recuerdos
para no hacer sangrar la herida.



Como diría Amaral:

Te necesito
Oh, cómo quieres que me aclare
Si aún soy demasiado joven
Para entender lo que siento
Pero no para jurarle al mismísimo ángel negro
Que si rompe la distancia que ahora mismo nos separa
Volveré para adorarle, le daría hasta mi alma
Si trajera tu presencia a esta noche que no acaba
Te necesito como a la luz del sol
En este invierno frío
Para darme tu calor
Como quieres que te olvide
Si tu nombre está en el aire
Y sopla entre mis recuerdos




Sin ti no soy nada,
Una gota de lluvia mojando mi cara
Mi mundo es pequeño y mi corazón pedacitos de hielo
Solía pensar que el amor no es real,
Una ilusión que siempre se acaba
Y ahora sin ti no soy nada
Sin ti niña mala,
Sin ti niña triste
Que abraza su almohada
Tirada en la cama,
Mirando la tele y no viendo nada
Amar por amar y romper a llorar
En lo más cierto y profundo del alma,
Sin ti no soy nada
Los días que pasan,
Las luces del alba,
Mi alma, mi cuerpo, mi voz, no sirven de nada
Porque yo sin ti no soy nada




No quiero estar sin ti
Si tú no estas aquí me falta el sueño
No quiero andar así
Latiendo un corazón de amor sin dueño

miércoles, junio 30, 2004

Idiosincrasia del amor!! (paranoias made in me)

Antes de que los últimos latidos del verano resonaran, me propuse viajar hacia Barcelona, pasar allí varias semanas y olvidarme de todo un poco.
Cogí el tren y me dispuse a realizar estas vacaciones que tanto merecía. Me acompañó la soledad, quería estar solo y tranquilo. Llegué por la tarde, fui al hotel a dejar mis cosas allí y me acerqué a la playa a contemplar el mar y todo lo que mi vista podía abarcar. Por la noche estaba agotado por el viaje, pero antes de acostarme me fui a tomar algo a una terraza que estaba cerca del hotel, mientras la brisa recorría mi cara dándome una sensación de paz que hacía tiempo que no sentía. Esa sensación se incrementó cuando escuché su voz:
-¿Qué va a tomar?
Era la voz más dulce que jamás había escuchado. Provenía de la camarera, una chica joven y con una belleza que difícilmente olvidaré. No pude articular palabras, tan sólo se me ocurrió decir:
-¿Qué vas a tomar tú?
Aquella chica se empezó a reír y su sonrisa, la más hermosa que había tocado el viento, produjo que mi corazón sintiera una sensación que jamás había sentido antes.
Aquella noche no pude dormir, estaba muy cansado, pero no podía dejar de pensar en esa chica. Me propuse al día siguiente ir a verla y entablar conversación con ella, ya que esa noche un estado de mudez se apropió de mí y apenas pude decirle algunas palabras. Amaneció, me levanté muy pronto, paseé por la playa y después fui a verla, pero no estaba allí. Por la noche volví y entonces la vi; me llené de valor y me acerqué, le propuse dar una vuelta, a lo que ella, sugerentemente me dijo que debía trabajar. Y la esperé, esperé a que terminara su turno, había esperado una oportunidad así durante toda mi vida, qué importaban unas horas más. Cuando ella salió de aquel bar, una vez terminado su turno, me vio y se quedó tan sorprendida que no pudo negarme un paseo a aquellas intempestivas horas. Esa noche descubrí a una chica fascinante y encantadora. Me enamoré, me enamoré por completo.
Al día siguiente volvimos a quedar, y así durante el tiempo que permanecí allí. Pasamos dos semanas juntos, las dos semanas más maravillosas de toda mi vida.
Jamás había besado a nadie con tanta pasión y jamás me había sentido tan bien al lado de una persona.
El último día de mis cortas vacaciones, estuvo conmigo todo el tiempo hasta que me fui en el tren en mitad del crepúsculo del atardecer. Nos dimos los teléfonos, nos abrazamos con ardor, nos volvimos a besar y nos dijimos “hasta luego”. Me dormí durante un tiempo mientras regresaba a casa. Ese tiempo que estuve dormido alguien aprovechó para quitarme una pequeña mochila que llevaba conmigo, al margen del equipaje que iba en otro lugar destinado para ello. En esa mochila llevaba su número.
Traté de contactar con ella durante las siguientes semanas, pero fue imposible, y no pude ir a Barcelona por motivos de trabajo hasta Noviembre. Fui allí pero no la encontré en aquel bar, en aquella misma terraza en la que nuestras almas se habían unido. Pasé allí varios días, pero fue inútil. Al siguiente verano volví a ir, con la esperanza de que tal vez sólo trabajase allí en verano, pero tampoco sirvió de nada. De aquello hace ya seis años. Estoy casado y tengo una hija. Intentar olvidarla ha sido lo más duro que me ha ocurrido en la vida.

lunes, junio 28, 2004

La paciencia no es infinita

Hacía un frío de mil demonios. Me había citado a las siete y cuarto en el andén de la estación.
No soy de esos hombres absurdos que adoran el reloj reverenciándolo como una deidad inalterable. Comprendo que el tiempo es elástico y que cuando le dicen a uno las siete y media, lo mismo da las ocho.
Tengo un criterio amplio para todas las cosas. Siempre he sido un hombre muy tolerante: un liberal de la buena escuela. Pero hay cosas que no se pueden aguantar por muy liberal que uno sea. Que yo sea puntual a las citas no obliga a los demás sino hasta cierto punto, pero ustedes reconocerán conmigo que ese punto existe.
Ya dije que hacia un frio espantoso. Y aquella condenada esquina estaba abierta a todos los vientos. Las siete y media, las ocho menos veinte, las ocho menos diez, las ocho...
Es natural que ustedes se pregunten que por que no lo deje plantado. La cosa es muy sencilla: yo soy un hombre respetuoso de mi palabra, un poco "chapado a la antigua", si ustedes quieren, pero cuando digo una cosa, la cumplo.
Hector me había citado a las siete y cuarto, y no me cabe en la cabeza el faltar a una cita.
Las ocho y cuarto, las ocho y veinte, las ocho y veinticinco, las ocho y media, y Hector sin venir.
Yo estaba positivamente helado: me dolían los pies, me dolían las manos, me dolía el pecho, me dolía el pelo. La verdad es que si hubiese llevado mi abrigo café, lo más probable es que no hubiese sucedido nada. Pero eso son cosas del destino, y les aseguro que a las tres de la tarde, cuando sali de casa, nadie podía suponer que se levantaria ese viento.
Las nueve menos veinticinco, las nueve menos veinte, las nueve menos cuarto.
Llegó a las nueve menos diez: tranquilo, sonriente y satisfecho. con su grueso abrigo gris y sus guantes forrados:
- !Hola!
Así, sin más. No lo pude remediar: lo empujé bajo el tren que pasaba. Triste casualidad.



MAX AUB "Crimenes Ejemplares"


En el calor de la noche

Cuando la noche se envuelve en su tenebrosa oscuridad, las peores pesadillas me atrapan. Mientras trato de adentrarme en el mundo de los sueños, mi mente empieza a divagar sobre todos los problemas que me rodean y algunos de los que seguro me rodearán. De mi corazón se apoderan los fracasos y mi alma se llena de los miedos que me asedian cada día. Después, me estremezco cuando la sombra de la muerte se apodera de mi y me hace pensar que llegará el día el que tan sólo seré el recuerdo de unos años. Entonces invoco a Morfeo, pero no me escucha, y rezo, rezo para que los miedos se vayan definitivamente de mí, pero tardan en irse; mientras tanto lágrimas solitarias nacen de mis ojos y los lamentos silenciosos se acrecientan; pienso que no puedo escapar, que la vida no merece la pena, que ya no aguanto más… ¿Dónde está mi dios? ¿Por qué dejas que me angustie de esta forma? No quiero ser sometido ante la existencia, pero no puedo hacer nada para evitarlo....